Ahora sí, luego del impass emotivo de ayer, retomamos el tema de hace dos días: mi nueva historia con el Sistema de Salud Canadiense. Para el que se haya perdido la primera aprte, se la dejo aquí: Parte I “Cuando se quiere se puede”
Habíamos dejado la cosa en que había obtenido, gracias a ese misterioso lugar libre y el pedido “especial” del Médico, un lugar para hacerme el estudio de sueño casi inmediatamente (el 27 de Septiembre) y los resultados justo una semana después.
Les cuento hoy que pasó con los exámenes, que descubrieron, como será la terapia y, por sobre todo, cuanto va a salir la jodita!
El Hombre de los mil Cables
Entonces el Jueves 27 por la noche, cerca de las 9 y media, me dirigí al Hospital. Un simple bolsito con algo de ropa para dormir y los “enceres” necesarios para estas lides me acompañaba. Iba rumbo a una aventura extraña pero, debo admitir, en la que tenía muchas esperanzas puestas. Era el momento de la verdad, de descubrir que sucedía conmigo, mis ronquidos y mi mente durante el sueño. ¿Era para tanto? ¿O sólo otra exageración más de mi mujer?
En el Hospital me atendieron muy amablemente, me llenaron de cables hasta para medir los gases de la panza, me dieron una pequeña habitación, me enchufaron a una máquina… y a dormir! Por supuesto, durante el pr0ceso te van explicando todo: para que sirve cada cosa, que van a medir, como lo van a medir, etc. ”Cualquier cosa”, me dice el técnico cuando estaba por acostarme, “si vemos que hace falta te despertamos y te colocamos una maquinita para la respoiración”. Serían, a todo eso, casi las 11pm y yo estaba que moría de sueño. Era la noche ideal para verme roncar en todo mi esplendor!
Para la 1:30am me despertaron. Sin mediar mucha explicación – que tampoco iba a pedir a esa altura de la noche – me enchufaron una máscara, prendieron otra máquina y vuelta al sobre. Si me preguntan, no tengo idea de que pasó entre ese momento y las 6am, cuando me despertaron para irme. Todo lo que puedo decirles es que, finalizado “el evento” me dieron una carpetita y me dijeron: “Flaco, lo tuyo es UBA sin vueltas. Elegí un proveedor de la lista, pediles la maquinita y comenzá las pruebas. El 4 volvés a ver al Doctor”
Efectivamente, lo mío era “UBA”… “Una Bruta Apnea” (el que quiere saber que es una “apnea” puede leer este comentario de Javier la semana pasada o lo busca en Google”) “Bruta” por que es mucha, mucha pero mucha apnea. Había que ponerse manos a la obra para corregir esto YA! Ese mismo día, a media mañana, ya estaba en contacto con una de las empresas proveedoras de CPAP (la maquinita para ayudar a la respiración durante el sueño) y pidiendo mi turno para que me cuenten de que se trataba la cosa. Hasta ahí, todo lo que sabía era que ten=a que salir a buscar una máquina que me ayude a dormir y descansar… pero no mucho más
La maquinita de la felicidad
Para el Sábado 29 a las 10 estaba firme en mi cita con los señores del CPAP. Allí me explicaron lo siguiente: El Hospital me enviaba a ellos para que juntos establezcamos cual es la mejor máquina y máscara para mi. Para ello, tenemos un mes para hacer todas las pruebas que quiera. Durante ese mes el contacto va a ser una “Respiration Therapist” (la “respiróloga”, digamos) que va a ser la que evalúe los resultados de la prueba. Una vez terminado el mes, se supone que ya hay que tener decidido que máquina y accesorios comprar. De plata ya vamos a hablar… no desesperen!
El asunto fue que esa mañana me volví a casa con un bolso conteniendo el “CPAP” (la “maquinita”), una máscara con la que debo dormir cada noche y, claro está, el tubo que conecta la máquina con la máscara. En breve, y para no aburrirlos, la función del CPAP es enviar una cantidad de aire húmedo hacia mis vías respiratorias con la presión necesaria para que la “apnea” (o “dificultad en la respiración al momento de dormir”) no suceda. Es un “súper ventilador” con un humidificador, para ser “grosero” en la definición.
Esa noche lo utilicé por primera vez. Y me enamoré cual solterona treintañera con su consolador! Les juro que nunca me había levantado tan bien descansado… O, mas bien, creo que no tengo recuerdo de cuando fue la última vez que me levanté una mañana con ese sentimiento de estar tan descansado y fresco. “Milagro, Milagro!” me faltaba gritar por las calles de mi barrio mientras corría en camisón!
La Sentencia
Pero esto no era todo, recuerden que aún no había ido a ver al Doctor “Sueñólogo” para ver los resultados del exámen de sueño… que obvio no iban a ser muy buenos. ¿Pero cuán malos iban a ser realmente?
Antes de pasar a ver al Doctor tuve que volver a lo de los señores del CPAP para evaluar mi primera semana de “maquinita” (que tiene una memoria en la que se graba todo lo que pasa mientras duermo… Una especie de Gran Hermano Nocturno!) Los resultados eran muy satisfactorios. Todo indicaba que había estado durmiendo muy bien. Aproveché entonces para averiguar cuanto iba a salir este chiste. Y la cosa es así, mal que mal… La “maquinita” sale unos 1200 dólares, a eso hay que sumarle los accesorios más alguna boludez más, más los impuestos. Con todo, esta joda no va a bajar de los dos mil. ¿Salvedad? Puedo reclamar a Ontario este tipo de ayuda solamente una vez cada cinco años. Si durante los 5 años luego de comprar el CPAP y los accesorios necesito algo más tengo que hacer agua y ajo (“Aguantarse y a Joderse”) y ponerla de mi bolsillo.
¿Y quién paga? Dirán espantados ustedes… Yo también pregunté espantado lo mismo. Pagamos los tres: Ontario, mi Seguro Privado y Yo. Ontario cubre aproximadamente unos 800 a 1000 dólares del costo total de la factura, dependiendo del tipo de máquina (ver “ADP : Continuous/Autotitrating Positive Pressure Systems“), el Seguro Privado (el que me da mi empleador como parte de los Beneficios – no dejen de leer la entrada sobre la importancia de los Beneficios de hace tiempo atrás – ) cubre el 80% del resto. Yo, pongo lo que quede de mi bolsillo. Creo que, con toda la bronca, puedo llegar a poner unos 300 dólares en todo esto, pero eso se los confirmo en unas semanas cuando acabe con esto.
Con el reporte de “la respiróloga” y mi sonrisa de felicidad fui a ver al médico, que me mostró los resultados de mi examen de sueño antes y después de la maquinita. Antes de la maquinita, “antes” significa durante lo que yo consideraba “mi sueño normal”, anoten bien: cada 30 segundos de sueño dejaba de respirar durante al menos 10 segundos. WHAT? Sí, eso! Cada 30 segundos el cerebro se despertaba por que sentía que se quedaba sin aire, lo despertaba a mi cuerpo para que recupere el aire y no me ahogue y se volvía a dormir. Todo esto, como se imaginarán, era la sencilla razón por la cual me despertaba cada mañana cansado, agotado, malhumorado, destrozado con ganas de volver a dormir!
Y esto…. ¿Cómo sigue?
Muy simple: de “la maquinita” no me puedo desprender más. Será mi fiel compañera de por vida. En pocos días más termino las pruebas y tengo que comprar todo de una vez. Y tengo que bajar de peso urgente. Es lo único que puede cambiar radicalmente este problema. Menos mal que existe Montignac y el Gimnasio para eso! Les sigo informando a medida que tenga novedades.
Y así fue como el Sistema de Salud Canadiense me tenía deparada una excelente sorpresa! Ahora duermo como un niño. Un niño gordo, pero niño al fin.
¿Y ustedes? ¿Cómo están durmiendo? ¿Usan el CPAP? ¿Qué experiencia pueden compartir del sistema de salud de su provincia con respecto a casos como este?
Pic from http://www.oral-sleep-therapy.co.uk/





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