Ser Clase Media en nuestros países ha sido, en los últimos 20 años, más un privilegio que otra cosa. Aquello que nuestros padres lograron adquirir y nos hicieron disfrutar para que luego nosotros perpetuemos a las generaciones venideras, ha ido poco a poco desapareciendo y dejándonos a todos transitando por la delgada cornisa que separaba nuestro estilo de vida de aquello que alguna vez habíamos mirado con desdén.
Para muchos de nosotros, ir a Canadá significó caer de la cornisa para luego, vueltos a subir, descubrir (con algo de sorpresa unos, algo de desilusión otros) que esta Clase Media no era la que conocíamos.
De donde uno viene…
Patricia y yo somos hijos de la Clase Media porteña típica. Nuestros viejos eran o comerciantes o profesionales, podían tener su trabajo en relación de dependencia o eventualmente su propio “boliche”. En casas, mamá se ocupaba de los quehaceres domésticos y de criarnos, llevarnos a la escuela, ayudarnos con la tarea. La vieja siempre estaba en casa, el viejo venía tarde del yugo diario. Un par de veces por semana, un poco más si las épocas permitían venían Rosa, Elsa, Mary o Liber… las muchachas del conurbano bonaerense que daban una mano con la plancha y la limpieza a cambio de una paga diaria que no complicaba la economía familiar. Nunca nos faltó un plato de comida, ni una frazada en invierno, ni un club donde ir a pasar el fin de semana ni un regalo bajo el pino navideño ni casi nada que quisiéramos.
Nosotros estudiamos en escuelas, colegios y universidades privadas que los viejos también podían pagar sin sobresaltos (hasta donde sabíamos). Nunca nos faltó la buena ropa (no siempre de marca, pero siempre de buena calidad), unos pesos para salir de joda y, cuando estuvimos en edad, un auto al que sólo debíamos llenarle el tanque. Cuando nos casamos, casi pudimos repetir la historia. Cuando pudimos tuvimos nuestra casa, nuestro auto y nuestra Rosa, Elsa, Mary o Liber. A nuestros hijos no le faltó la ropa de calidad, un plato de comida o un regalo para navidad o los cumpleaños.
Hacia donde uno va…
Cuando llegamos aquí sabíamos que íbamos a tener que arrancar de algo más abajo de lo que estábamos acostumbrados. Los apremios financieros por los que los recién llegados pasamos hasta tanto conseguimos el sustento propio hacen que no siempre se pueda arrancar aquí con las mismas comodidades que uno dejó allá.
Un departamento pequeño en un barrio no muy pintoresco. Muebles regalados, prestados, comprados por monedas no siempre en las mejores condiciones. Un auto “lo mejor que se pueda”, depender de la beneficencia ajena, buscar la oportunidad y dejar pasar ciertos gustos son moneda corriente al principio. Especialmente si se llega con recursos limitados… con un “canuto” limitado. Se encuentra uno, quizás, como caído de la cornisa aquella que transitaba “allá”. En realidad no caíste, te bajaste un ratito digamos. Mientras tanto, uno observa…
Y qué observa uno? Uno observa donde está la meta, como se llega, donde están los que lo han logrado… Uno observa quienes son aquellos que lo han logrado, de donde vienen, que hacen… Se observa. Se estudia. Se imita. Se deja de lado. Se intenta. Se aprende. Sobre todo eso… “Se aprende”
Y qué se aprende? Se aprende que muchas cosas podrán ser como antes y que muchas tantas no. Se aprende que ya no habrá Rosa, Elsa, Mary o Liber por que aquí ese es un servicio que no se paga “en negro” y por monedas. O que quizás ya mamá no deba estar todo el día en casas con los quehaceres y también deba salir a trabajar. También se aprende que bueno, que la educación pública no es tan mala después de todo y que el colegio privado ya no es una opción.
Y dónde se llega finalmente? Finalmente, entonces, se aprende que lograr las metas lleva tiempo y que, en el camino, vas atener que caminar por senderos que no habías pensado. Lo pusimos alguna vez por ahí… “el camino a la cima es cuesta arriba” En algún momento se llega, les aseguro que sí. De toda la gente que conozco con más de un año en el país, todos lo han logrado en algún momento: han comprado su casita, todos tienen uno o dos autos, no pasan necesidades, cada tanto pueden viajar (algunos más seguido que otros)… mal que mal, han podido alcanzar algo parecido a lo que tenían allá cuando se fueron. Pero todos, sin excepción, tuvieron en el medio momentos de zozobra: dinero que se terminaba, oportunidades que no llegaban, momentos de tristeza, discusiones, frustraciones, enfermedades, lágrimas, bronca, alegría “and so on”.
Hasta donde estás dispuesto a resignar? Cuánto estás dispuesto a esperar?
Nuestra buena lectora Jessica nos contaba su preocupación el otro día en la nota sobre “Arreglátelas solito” No podemos decirle que debe hacer o dejar de hacer. No podemos ponernos en sus zapatos. Solo le podemos contar lo que sabemos y lo que nos ha pasado, por que después de todo, de eso se trata este blog: de transmitir experiencias.
Lo que sí me atrevo a dejarle a Jessica y a los cientos de lectores que están en sus mismas condiciones (que son las mismas en las que estábamos nosotros cuando dejamos Buenos Aires en 2005) es un par de preguntas… Hasta donde estás dispuesto a resignar? Cuántas cosas estás dispuesto a perder, aunque sea por un tiempo? Cuánto será aceptable para vos y tu pareja perder? Cuánto estás dispuesto a esperar? Te pusiste a pensar cuánto será suficiente para vos? Cuánto tiempo puede pasar hasta que digas basta? Cuánto es aceptable?
Yo, les digo la verdad, no tenía respuesta a ninguna de esas preguntas.. y así me fue. Todo me costó mucho más en términos de dinero y en términos de paciencia y mala sangre. Si uno tuviera todo eso mas o menos claro, estoy seguro que también tendría otra manera de encarar las cosas.
Y vos? Hasta donde estás dispuesto a resignar? Cuánto estás dispuesto a esperar? Cuánto resignaste? Cuánto tuviste que esperar?
Terminé de leer, ¿Qué puedo hacer ahora?
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Personalmente no lo estoy viviendo lo que voy a dejar como una gran pérdida.
Dejamos algunas comodidades en lo inmediato y la seguridad que te da un sueldo todos los meses, pero la mayor parte de las cosas que nos definen como “clase media” nos las llevamos (experiencia, formación, valores, el hambre de progreso), y pienso que son las que nos permitirán en primer lugar llegar a Canadá, y en segundo, hacerlo en condiciones aceptables como para tener aspiraciones de “clase media”.
Luego vienen todas las discusiones sobre el trade off clase media canadiense – clase media argentina.
Posiblemente gloria no lo dijo en el sentido que yo lo entendi pero la frase “…el valor de la vida” fue lo que me empujo a dejar toda una vida de trabajo para tratar de empezar de nuevo.
Con gusto cambio el carro cero kilómetros por la tranquilidad de saber que ningún hijo de puta le va a lastimar las orejas a mi esposa al arrebatarle los aretes,tener que pasar la vida con una pistola debajo del asiento del carro me parece un precio muy caro por pertenecer a la clase media.
Bueno, no estoy allá aún, probablemente esté muy equivocada y el programa de inmigración es terrible, pero si vas preparado con la actitud adecuada para adaptarte a la sociedad que te estás incorporando, a la nueva estructura, como te lo sugieren, pienso que eso te va a permitir vivir bien.
Ahora, lo de salvarme de no tener a la señora que limpia, me parece que, evidente, está muy lejos lo que estoy planteando.
Dios me proteja, y a todos los estamos buscando una mejor vida, de que nos maten en el semáforo para quitarnos el carro, o nos sometan a un secuestro express para pedir a nuestra familia mucho más dinero del que tenemos, o de que nos amarren en la sala para vaciar el apartamento, a eso me refiero.
Si voy a vivir tranquila y poder caminar por la calle sin miedo, voy a estar muchísimo mejor.
Posiblemente haya sido eso y en mi apuro no haya leído bien.
Evidentemente era otro el significado y Antonio tenía razón.
Nadie dice, por otro lado, que el programa de inmigración sea terrible… Lo único que te pregunto es que fue lo que te dió la pauta de semejante afirmación pro que me pareció, al menos, interesante. Nos contarías que fue lo que viste que te hace suponer lo que escribiste del programa de inmigración?
Supongo que Blanca puede contestar.
Hay trabajos de todo tipo .
Si lo sabrás vos! Un día tenemos que hacerte una entrevista para el blog!
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