Ni piensen que esta entrada tiene que ver con la situación política argentina, ni con alguno de los Kirchner, ni con los pingüinos “K” que, según parece, migraron hacia la humedad porteña para desde allí saquear el país. Es sobre otra cosa.
Hace unas semanas atrás daban en la tele un documental sobre pingüinos. Creo que era, pero no recuerdo exactamente, aquel famoso documental sobre el pingüino emperador que supo darse hace no tanto en el cine. El asunto es que, en una parte, mostraban que “el pingüinaje”, para sobrevivir a los ataques de sus depredadores y las inclemencias del tiempo, se apiñaban unos con otros en una gran masa compacta. Bien apiñaditos, espalda con espalda, hombro con hombro, para defenderse ellos y los suyos. Instinto de supervivencia supongo que será eso. No se me ocurre otra cosa.
Con el paso de los años he observado una costumbre similar en nosotros, los inmigrantes. Nos apiñamos unos con otros, nos juntamos, nos buscamos y nos ponemos bien fuertes hombro con hombro, espalda con espalda. Para cuidarnos nosotros de ese ambiente nuevo y desconocido (y quizás por nuevo y desconocido, hasta hostil) que nos rodea. Para no sucumbir ante el depredador externo que quizás quiera aprovecharse de nosotros o de nuestras crías. Argentos con argentos, latinos con latinos. No importa, si hay un rasgo en común (procedencia, idioma, costumbres) es suficiente para apiñarse, como el pingüino.
Con el tiempo, a medida que nos vamos acostumbrando al entorno, que nos vamos dando cuenta que el ambiente no era tan hostil, que los depredadores no lo eran tanto, que el hombro con el que contaba ya no está y su espalda tampoco… Ahí algunos van prefiriendo despegarse y hacer su camino. Otros siguen aferrados pero en grupos menores. Unos pocos se han perdido (para bien o para mal).
Creo que es parte necesaria del proceso natural que vivimos como inmigrantes. Apiñarnos, juntarnos, sentirnos protegidos. Saber que se cuenta con la espalda de tal o el hombro de cual. Es una cuestión hasta natural quizás y, quien sabe, parte de nuestro propio espíritu de supervivencia. Pero también es parte de ese mismo espíritu darse cuenta en que momento ya fue suficiente de ese aglomeramiento y cuando es necesario comenzar a andar el camino sin la protección del resto.
Para aquellos que ya están por aquí… Han sentido esa misma sensación ustedes a su llegada? Los que están en camino… Creen que necesitarán la lección del pingüino?
Pic “Kings penguins” by wili_hybrid




Lo sentimos. Los comentarios en esta entrada ya fueron cerrados!