The García-Ziegler Experiment

by Guest on September 15, 2008 · 7 comments

in Usos y Costumbres de Canada

Blogger Invitado: Esta semana le cedo el espacio a Alfredo, mexicano, padre de familia, amo de casa y buen bebedor social. Alfredo, entre tequilas y cervezas, me dijo un día que iba a escribir una nota sobre su “Ziegler Experiment”… nombre cursi que decidimos darle a una serie de apreciaciones que hacíamos una noche que nos habíamos juntado a comer y charlar. En esa oportunidad Alfredo me contaba de algunos eventos que lo habían irritado y sobre los que yo le decía “Vos te pusiste a pensar sobre por que son así esas cosas? Y si resulta que es el uso y costumbre local al que tenés que acostumbrarte?” Les recomiendo leer la nota por que abre la ventana a algunas cosas muy interesantes de las que no todos hablan: el primer choque con la nueva cultura que nos rodea. Los invito…

Cultural Clash: http://www.cartoonstock.com/

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Introducción y advertencia

El proceso de inmigración es tan personal, que es sumamente complicado y aventurado tratar de generalizar las experiencias que se viven o que se encuentran cada día en los blogs. Normalmente, se tiende a buscar la identificación con aquellos artículos publicados, en donde se exponga situaciones que nos son familiares, o bien que narran lo que queremos oír en determinado momento.

Por tal motivo, es muy importante señalar que este pequeño ensayo no pretende, en ningún momento, ser una guía de sabiduría o una exposición de términos absolutos; más bien se trata del simple ejercicio de compartir algunas de las experiencias por las que hemos pasado mi familia y yo desde el momento que iniciamos nuestra nueva vida en Canadá, para tratar de llegar a unas reflexiones positivas.  Algunos pueden sentirse identificados con el mismo, otros pueden desechar de inmediato el artículo por ser contrario a sus vivencias o creencias y unos más simplemente no le presten el más mínimo interés.

Hecha la advertencia anterior, comienzo diciendo el tema de este artículo: El experimento García-Ziegler, nombrado así en honor de la persona que sin siquiera proponérselo, me dio me dio la idea de cambiar la manera de interactuar con mi nueva sociedad.

Las bases del experimento

El experimento parte de tres bases sumamente sencillas:

A) El consejo de los sabios

Cuando uno es recién llegado a estas tierras, es objeto de miles de consejos por parte de locales y de inmigrantes más veteranos, quienes nos aleccionan en el arte arcano de cómo sobrellevar las peripecias que estamos por vivir.

En la mayoría de los casos, estos consejos son hechos con las mejores intenciones, pero como dice el refrán “los consejos, aún pedidos, son mal recibidos”.

En ocasiones, la gente que pretende darnos algún tip o enseñanza, comete el error de aderezarlo con una cara de santo y con una voz de gran sabio, como si dictara lecciones en la Escuela. De manera solemne, interrumpen al novato cuando éste se atreve a exponer su punto de vista y empiezan a manifestarnos su idea, como si se tratara de una iluminación celestial:

“Mira, lo que pasa es que tú acabas de llegar, por eso estás equivocado, pero la realidad es que los quebecos son (inserten aquí el tema que quieran, que aquí todos son expertos sociólogos de Quebec, así lleven un mes más que ustedes en Canadá) y si yo estuviera en tu lugar yo haría (y vienen aquí todas las ideas que pudieron ser muy buenas, si no hubieran adoptado la postura de maestro de párvulos, enseñando al niño el abecedario)”.

Sin embargo, debe quedar claro que hay recibir los consejos y tratar de hacer el esfuerzo de deslindarlos de esa santidad, solemnidad y sabiduría que en ocasiones se les imprime, pues la realidad es que atender de manera selectiva estos consejos pueden ahorrarnos algunos dolores de cabeza.

B) Las barreras lingüística y cultural.

Por otro lado, el idioma, si bien es una barrera muy dura de pasar, no es infranqueable.  Existen diversos artículos en la Web que tratan de la importancia del idioma y de cómo superar el obstáculo lingüístico cuando recién llegamos a Quebec, así que no tiene mucho caso contribuir a engrosar el bagaje literario que versa sobre el tema.

Sin embargo, la diferencia cultural y los usos, costumbres y protocolos sociales en Quebec, son una barrera que no se tratan muy a menudo en los foros, y sin embargo son quizá de igual o mayor complicación que la barrera lingüística.

C) El proceso del estrés

El salir del entorno al que se está habituado genera forzosamente un proceso de estrés. Este estrés se alimenta por el hecho de llegar a esta nueva tierra, en donde hay que hablar un idioma que no es el materno, que hay que hacer el esfuerzo de entender las diferencias entre la sociedad de origen y la que nos recibe y hay que además comprender que los integrantes de nuestra familia también se encuentran asimilando esta nueva cultura.

Así, en ese bombardeo de consejos, el golpe crudo que se recibe al afrontar las barreras del idioma y de la cultura y el estrés generado por la inmigración, pueden fácilmente meternos en una espiral de paranoia, en donde nos lleve a pensar que todos en están en nuestra contra, que los quebecos odian a los inmigrantes, que los veteranos pretenden pasarnos sus frustraciones del pasado y que las idioteces que vemos en “Not Canada” no son tan idioteces, después de todo.

Premisa del experimento.

Pero si resistimos la tentación de esa paranoia y dejamos de llegar con “los tacos por delante” (término de fútbol agresivo, para aquellos que no les guste ese deporte) y hacemos a un lado la autocompasión implícita en frases como “claro, ese tipo me vio feo porque soy inmigrante”, “el del autobús no me hizo la parada porque no soy igual a él” o “esta mesera me puso en ridículo porque no entendió mi francés de Moliere” y en su lugar hacemos un esfuerzo de comprender a esta nueva cultura, podemos tener resultados interesantes.

A mera manera de ejemplo, narro a continuación unas cuantas vivencias desde mi recién llegada a Quebec.

La comida

Cuando recién llegamos a Gatineau, tuvimos la gran fortuna de quedarnos en casa de unos amigos quebecos, quienes nos habían ofrecido esta hospitalidad desde que prácticamente habíamos iniciado el proceso de inmigración, por allá de los inicios del 2006.

Fue ahí donde comenzaron mis “desavenencias” con los quebecos, pues ciertas costumbres, hábitos y estándares eran muy diferentes a los que había esperado toparme.

De entrada, algo sumamente complicado fueron los horarios de las comidas.  Normalmente, en mi patria se desayunaba muy basto, como a eso de las ocho o nueve de la mañana; se hacía una comida más fuerte, quizá de cuatro o cinco tiempos (o platillos) a las tres de la tarde, y, finalmente, se cenaba cualquier cosa por aquello de las nueve de la noche.

Bien, resulta que aquí la gente desayuna ligerito, a las siete de la mañana, al mediodía se toma una hamburguesa, pizza, una pasta o algo por estilo y, finalmente, entre cinco y seis de la tarde viene la cena fuerte… Así, nada más. Ni una manzanita en la noche o un sándwich antes de dormir.

Esa diferencia alimenticia me costó una enormidad. De entrada, apenas y desayunaba a las siete de mañana. Para el mediodía tenía todo menos antojo de una hamburguesa o de una pizza. Para las cinco de la tarde, surgía el hambre cavernícola y uno esperaba una comilona de epopeya y nuestra querida anfitriona nos sirve una ensaladita “light”, unos quesitos y finalmente una lonja de salmón hervido (no asado, no frito, no horneado, no sazonado… Solamente lo metió al agua hirviendo, sin sal o algo para darle gusto)… “¿Y dónde quedó la carne de venado, el putin, el pastel de crema con fresas arriba que tanto había escuchado y visto en las fotos?”

Con el pasar del tiempo, me voy dando cuenta que el horario de las comidas no son azarosas y que responden a un valor diferente: el fortalecer los lazos de los miembros de las familias.  Por eso, queda claro el porqué de los horarios y el tipo de comidas:

a) En la mañana, todo mundo está con la prisa de llegar temprano al trabajo o a la escuela (normalmente, la entrada es entre las ocho y media y las nueve), así que un desayuno pesado está fuera de contexto, ya que ni da tiempo prepararlo o comerlo.

b) La jornada de trabajo es normalmente de ocho horas (no como en Latinoamérica, que son jornadas de doce o más horas por día, según sea el caso) Por lo que la “hora del lunch” es efectivamente de una hora. Una hamburguesa o una pizza en una cancha de comida, food court o como quieran llamarle, es perfecta para alcanzar a comer dentro de esa interrupción de la jornada.  Una comida larga no encaja en esto, ya que se pierde tiempo y se atrasa la hora de la salida del trabajo o peor aún, atrasa el trabajo.

c) Los miembros de la familia llegan del trabajo o de la guardería escolar, entre las cinco y seis de la tarde.  Es entonces la comida que se puede tener en compañía de los seres más queridos. En donde se puede compartir las experiencias del día.

d) En mi muy pequeña y humilde apreciación, la gente de Quebec se preocupa mucho por su salud.  Hace ejercicio y trata de comer de manera adecuada.  Simplemente, basta con analizar que en la calle no se ven tantos obesos como en los Estados Unidos.  Uno puede entender entonces que el putin, la carne de venado y el pastel de fresas son ocasionales y que la comida saludable es la que generalmente se consumen.

Así, nuestra querida anfitriona, contrario a mis más ocultos pensamientos, no pensaba matarme de hambre, desmañanarme, dejarme en ayunas en la noche o darme de comer pescado hervido para fastidiarme. Simplemente, ella estaba haciendo lo que siempre había hecho en su vida. Comer en aras de fortalecer los lazos familiares y comer saludablemente.

El campamento de verano

En varios sitios he visto que dentro del proceso de inmigración a Quebec, uno debe de dejar de preocuparse por la integración de los niños, sobre todo si éstos son pequeños, ya que ellos solos se acoplarán a esta nueva cultura, dominarán el idioma y estarán felices, como por arte de magia.

La verdad, en mi caso particular la realidad distó mucho del paradigma citado en el párrafo anterior.  Mis hijos, de seis y de tres años resintieron el estrés del cambio de cultura, el distanciamiento de la familia y de amigos. Y vaya que lo hicieron patente.

¿Porqué no metemos al niño en un campo de verano? Así tendrá la oportunidad de hacer amiguitos y de practicar el francés —Me sugirió mi esposa, a unos días de haber llegado a Quebec.

Que desastre. Madre mía que desastre de idea. El niño sufrió lo suyo en este campo de verano, controlado por adolescentes, que poco o nada tienen de conocimientos de pedagogía y que solamente están ahí para ganar unos dólares de verano… Mucho menos iban a poder ayudar a un niño extranjero que acaba de llegar a una tierra en donde nadie le habla en su idioma, y que está sometido a un grado de estrés altísimo.

Un buen día, me llama un tipo como de unos dieciséis años, quien era el director del campamento de patines y en francés me dice en tono severo –Su hijo no hace caso a las instrucciones, le tenemos que repetir las cosas y eso nos hace que no podamos atender a los demás niños que tenemos…Pero (y aquí el tipo me cambia al idioma inglés, bastante malo por cierto) ¿está usted entendiendo lo que le estoy diciendo o se lo repito en inglés?… — Por fracciones de segundo, me pasaron por la mente todos los tormentos infernales que podrían aplicarse a este individuo, que además de decir que mi hijo era un desadaptado, criticaba mi francés ¡sin siquiera haberme dejado abrir la boca! (y vino a mi mente mi querida maestra de francés, diciendo lo bien que iba con el idioma y de cómo se me daba el francés de una forma natural y de lo bien que me iban a entender en Quebec).

Por supuesto que entiendo lo que dices en francés—le dije de la manera más educada que puede tener alguien que está a punto de explotar. –Mi hijo acaba de llegar a Quebec y obviamente, el francés no es su primera lengua, por eso hace falta repetirle las instrucciones que le dan (como si dar instrucciones a un niño de seis años para hacerlo patinar dentro de un campo de verano fuera algo tan complicado como armar una ojiva nuclear computarizada) y si hubieras leído el formulario que llené junto con el cheque con el que pagué el campamento, te habrías dado cuenta de esta situación…– El tipo no sabía que hacer ahora…

Obviamente, mi hijo o yo no éramos el problema, tampoco nuestra condición de inmigrantes. Tiempo después me quedó claro que tampoco era una cuestión personal en contra de mi niño o mía. Aquí la situación se presentó debido a la inexperiencia de estas personas, por no estar debidamente capacitadas para desempeñarse como guardianes de niños, mucho menos de infantes que no hablaran francés como lengua materna, así de simple y sin mayor trasfondo en el tema.

Así, tuve la maravillosa oportunidad de aprender que también en Quebec existen diversos niveles culturales, de educación y de recepción y apertura hacia los inmigrantes, y que no todas las personas están tan dispuestas a tener paciencia a que hagamos el esfuerzo de asimilar el francés, ni mucho menos están obligadas a hacerlo.  El hecho de toparnos con personas así, lejos de enfurecernos o de hacernos sentir discriminados, debe motivarnos a desempolvar nuestros cuadernos de francés y practicar un poco más; a realizar un esfuerzo extra por hablarlo, a pesar de las felicitaciones que recibimos de nuestros queridos maestros de francés, en nuestro lugar de origen.

Conclusión

Se pueden contar muchas más aventuras o experiencias, pero me parece que con lo antes escrito, se pueden aventurar las siguientes conclusiones:

a) El proceso de inmigración no acaba con la llegada a “a la tierra prometida” sino que el mismo continúa una vez que llegamos a estos Lares.

b) El estrés, la barreras lingüística y cultural, así como los consejos bien intencionados que recibimos a nuestra llegada a Quebec, pueden fácilmente inmiscuirnos en una espiral de paranoia, misma que puede resultar muy nociva y puede privar de muchas oportunidades a quien la sufre y no la rompe.

c) La gran mayoría de la gente con la que vamos a empezar a interactuar en esta nueva sociedad no pretende fastidiarnos, de manera intencional, o se levantan todos los días para ver cómo desgracian la vida de los recién llegados migrantes.  Las costumbres, los tratos sociales y las formas de cultura son simplemente diferentes a las que se estilan en Latinoamérica; así nada más, sin mayor trasfondo ni planes maquiavélicos tendientes a destruirnos.

d) Está en cada uno la maravillosa oportunidad de hacer el esfuerzo de entender a esta nueva sociedad; no sólo desde el punto de vista lingüístico, sino desde sus usos y costumbres. El conocimiento de la forma de ver las cosas de nuestros nuevos anfitriones, puede darnos resultados muy sorprendentes y evitarnos, de algún grado por lo menos, esa famosa depresión que todos tienden mitificar dentro del proceso migratorio a este gran país.

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{ 1 trackback }

Bitacoras.com
September 15, 2008 at 4:56 am

{ 6 comments }

1 Alejandro September 15, 2008 at 5:17 am

Excelente articulo!

2 Ale Marge September 15, 2008 at 10:14 am

Alfredo, te aplaudo, totalmente de acuerdo contigo.

3 Juani Iadanza September 15, 2008 at 10:18 am

Muy bueno el post! Hace reflexionar sobre muchas cosas y es muy válida la advertencia inicial, ya que cada uno tendra una experiencia distinta de acuerdo a su bagaje de vida anterior y rasgos personales.
Saludos!

4 John Yeiman September 15, 2008 at 11:35 pm

Esta dicho todo….!!

Excelente post

5 Ivan September 17, 2008 at 1:50 pm

Muy buen capitulo de la Enciclopedia Ilustrada Garcia_Ziegler, yo que no he migrado pero tube la fortuna de estar en USA dos meses entiendo bien el mensaje de este blog. Debemos prepararnos para vivir en esa sociedad con costumbres diferentes a las nuestras, y unos principios y valores más arraigados en su cultura y vida familiar. Y que decir de la comida, algunas veces se dice extrañar algun platillo especial, pero no pensamos que ni siquera lo consumimos con frecuencia en nuestros paises.
Aqui en Colombia decimos que quien conduzca un auto en nuestras ciudades lo podra hacer bien en otro país, y yo creo que un tipico conductor Colombiano obtendria al menos 3 multas en los primeros 100 metros de recorrido, o los primeros 3 minutos.
Finalmente felicitaciones por este interesante mensaje, creo que nos llama a aprender no solo el idioma.

6 zanavilla® November 18, 2008 at 12:46 am

Me gusto, haces realmente un buen anàlisis de lo que es el “comer” en Canadà, concretamente en el Québec…

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