Basado en por lo menos dos años de estudios, me lanzo sin paracaídas ni nada a escribir una pequeña tesis. Sostengo en esta que el “argentino medio” indefectiblemente se aburre en Canadá y ello tiene graves consecuencias sobre él y su entorno. En el peor de los casos se terminará convirtiendo en un “argentino medio y aburrido”

Partimos de definir al sujeto: Si bien podría aplicarse esto a diferentes especies latinoamericanas, hemos visto que en el 95% de los casos es argentino de nacimiento y porteño. En su país de origen se desempeñaba como profesional universitario y era excelente exponente de la clase media. Jugaba tenis (paddle en su defecto) o “fútbol cinco” en algún Club Social, utilizaba Medicina Prepaga proveída por su empleador (por lo general una PYME que pagaba mal y fuera de fecha) En algún momento partió del país para radicarse en Canadá, de preferencia en la Provincia de Quebec, donde se ha arraigado y se ha convertido, en poco tiempo, en un experto para descubrir bondades e imperfecciones de su nuevo medio. En Canadá cuenta con un trabajo de menor calidad o quizás similar al que tenía en su país de origen pero mejor pagado, y aún así se sigue quejando.

El estudio se efectuó en Intenet y comprendió listas de discusión varias así como weblogs y otros sitios.

Los resultados del estudio nos sugieren que es muy simple identificar a esta especie en los ámbitos de estudio. Por lo general el sujeto se caracteriza por opinar sobre todos los temas posibles, conozca de ellos o no. Por supuesto lo hace de manera vehemente, fogosa y, claro está, violenta e irrespetuosa. Destaca su opinión sobre la descalificación de otros involucrados en la misma discusión sean ellos otros argentinos aburridos como él o no. De ser posible, utilizará referencias a la época de proceso incluyendo a su interlocutor en alguno de los bandos con los que menos se sienta identificado (o sea, puede su interlocutor ser un “facho de mierda” o un “zurdo de mierda” según corresponda) En lo posible, utilizará el anonimato y contará con diferentes usuarios. Nunca pero nunca tendrá la decencia de exponer sus argumentos y opiniones de manera educada y con su nombre y apellido.

Se ha detectado que estos personajes entran más de una vez por día a los diferentes sitios de Internet que frecuentan , con uno o varios usuarios diferentes con los que “fogonoeará” el tema en cuestión en repetidas oportunidades. Como caso extremo de la patología en cuestión, se han llegado a observar personajes que se contestaban a si mismos utilizando diferentes usuarios, generando de esta manera extrañas y graciosas conversaciones que luego se dedicarían a negar. Por supuesto, su aburrimiento los lleva en muchos casos a escribir sus propios weblogs, que no tendrán temas definidos ni se dedicarán a generar ningún bien para a su entorno. Solamente tendrán posts distanciados en el tiempo donde tratarán de definir cuan “cool” son ahora que viven en el primer mundo y hablan francés. Cuando sus compatriotas necesiten de su experiencia o ayuda solamente le brindarán, y de manera generosa, un 5% de sus conocimientos “por que todos nos tenemos que hacer de abajo, y si a mi me pasó que el también se la banque o para que quiere venir a Canadá sino!” Sus temas preferidos son la francisación, el sistema de salud local y la multuculturalidad. Sobre todos tiene opinión formada y, claro, soluciones a sus problemas.

El argentino medio que se aburre en Canadá pasa por diferentes estados de ánimo durante el día y estos pueden ser observados claramente a través de sus varios comentarios y mails a las listas de discusión y weblogs en los que participa. Por supuesto, en ninguno de sus estados aporta nada útil. Si puede destruir al otro, mejor. Sino, se apoyará en todo el tiempo que tiene disponible para realizar una tarea de desgaste digna de los asedios de la Edad Media. Nuevamente, por supuesto, apoyado en el anonimato o dando su nombre solo cuando la opinión sea digna de lástima y no haga falta sostenerla con argumento claro.

Finalmente, podemos determinar que la especie está en franca expansión. Semanalmente llegan de a decenas y se agrupan en las costas del Río San Lorenzo o los Cantones del Este. Sacarán préstamos de estudio que pagarán por tiempos interminables, se seguirán quejando del OSDE que ya no tienen y de los tiempos de espera en los hospitales que casi no usan, seguirán comparando la frecuencia de sus líneas de colectivos con las locales y se juntarán en rondas de mate interminables para discutir como arreglarán Canadá para que se parezca a lo que dejaron atrás y no les gustaba. Continuarán sin aportar nada a su sociedad y, en la mayoría de los casos, sin ayudar a los que los preceden y necesitan de ellos.

Claro está, tampoco sabrán darles las gracias a aquella subespecie que si se preocupó en darles una mano cuando lo necesitaban.

Y con esto se me arreglan para todo el fin de semana. Hasta el lunes.


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