Anestesiados II (El Regreso)

by Guillermo on July 26, 2006

Mis amigos, me siento en la obligación de aclarar el post de ayer. Intentaba (por lo visto sin mucha suerte) destacar el tema de la indiferencia hacia lo que pasa alrededor tuyo. Como le decí­a a Diego, no intentaba comparar “estados de violencia” por que quilombos y locos e inseguridad hay en todos lados. Y seamos sinceros, Canadá no es perfecto…. PERO ofrece algo: “sensación de seguridad” Aún así­, se nota que mis dotes de escritor todaví­a deben ser pulidas.

Pero volviendo al punto: Lo que me dejó realmente muy mal fué la percepción que vení­a teniendo desde antes de venirme y que me transmitieron desde Buenos Aires. La sensación de “Y… es así­! Que vamos a hacer” Como un cierto conformismo hacia la fatalidad. Como que los dados están echados y no hay nada más que hacer. Los he visto y todaví­a me los imagino anestesiados e indoloros hacia lo que les pasa alrededor. Y eso me parece terrible.

Yo no creo estar exento de un acto de violencia en este paí­s. Mañana puedo ir a comprar yerba al mercadito latino frente a la estación de ombnius de Kitchener y puede venir cualquiera de los “droguetos” que paran por ahí­ a cagarme a trompadas, afanarme, lo que sea. También podrí­a haberme pasado en Rideau & King Edward en Ottawa. O me podrí­an haber achacado en Toronto, cuando estuvimos de paseo con la flia. el fin de semana antes de que se vayan a BUE. Pero aún así­ mi sensación general, global aquí­ es de seguridad. Mi termómetro interno marca seguridad, tranquilidad, sensación de protección. Saber que puedo dejar el auto abierto a la noche en la puerta de casa, que puedo olvidarme de ponerle llave a la puerta del frente y voy a dormir tranquilo, que si hace mucho calor puedo dejar las ventanillas algo bajas, que puedo confiar en la autoridad policial, que puedo sentir que la policí­a es tratada con respeto por la gente y, sobre todo, que cuando pasa algo jodido es realmente extraordinario y la sociedad se va a conmover por eso y no le va a resultar indiferente. Y si, es verdad también, vivo en un pueblo chico, de 100 mil habitantes que no es ni un cuarto de Toronto o Montreal ni la mitad de Ottawa. Pero es mi sensación hasta ahora es buena y es una preocupación menos. (Statistics Canada - Crime Stats 2005)

Creo que cuando te acostumbras a estar mal, a que las cosas alrededor tuyo sean un caos, estás perdido. Por que como estas acostumbrado entonces nunca mas las vas a cambiar. Y de ahí­ en adelante, las cosas solo pueden ser peor. No les parece?

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Joseph Morin 07.26.06 at 10:46 am

Desde Trujillo en Perú opino lo mismo, aquí­ se experimenta la delincuencia; personalmente me han robado 4 celulares y 2 veces fueron cogoteando (ahorcando) algo bastante violento y difí­cil de recomendar; el colmo llegó cuando me vaciaron uno de mis dos cafés internet a la 1 de la tarde en plena luz del dí­a; simplemente las leyes no son lo suficientemente duras para el delincuente y ellos lo saben y por otra parte, el SISTEMA SOCIAL está descompuesto y eso es lo importante entender; sin principios ni valores uno no puede tener seguridad ni estabilidad; súmale otros determinantes más y prefiero la frí­a y progresista estabilidad canadiense a la cálida vida aquí­ en Perú.

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Tereré 07.26.06 at 12:23 pm

Hola Guillermo:

Te cuento que paraguay no es la excepcion. Asi es la cosa, todos los dias vemos tanta violencia alrededor nuestro que a mucha gente ya le resbala, no le hace mella. Se asesina hasta a niños y la gente ni se sorprende. Es una pena que nuestros paises haya llegado a este punto. Solo espero que mi solicitud de seleccion para Quebec salga sin problemas y de aqui a un año o año y medio pueda estar también viviendo mas tranquilo en ese aspecto.

Un abrazo

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Anonymous 07.26.06 at 8:45 pm

Solo agregar lo paradojico de estas sociedades donde cuando mas caos, mas muestras de arte, es como en el unico lugar donde los sentimientos aparecen en su expresion mas pura, donde los hay.
Y juro que eso si que lo voy a extrañar porque señores yo nunca vi la movida de la calle Corrientes que veo ahora, increible no?
REcomendacion Rey Lear en el San Martin un clasico si los hay, pero tan tan actual sobre todo en Arg

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Diego 07.27.06 at 12:56 am

Guillermo:

Tus dotes de escritor están incontestados, Se entendió perfectamente (el señor “Se”, así­ como este humilde servidor) que el tema, hilo conductor y conclusión de tu prosa de ayer era la “anestesia social”. Sin embargo, como empezaron a caer comentarios que poco tení­an que ver con el tema de tu post, sino más bien con el de inseguridad en general, quise agregar “my two cents” para equilibrar mí­nimamente el debate (Comentario marginal: eso de hacer de “abogado del diablo” es una costumbre bastante corriente por estos lares, como tal vez lo hayas ya notado. En la mayorí­a de los (a mi gusto escasos) debates que se llevan a cabo arriba del paralelo 49, verás que las opiniones están equilibradas, 50% y 50%, 60% y un 40%; rara vez verás que nadie presente el otro lado de la moneda. ¿Se da siempre la casualidad que en un debate están presente las dos partes, o es más bien un “equilibrio ecológico” que se forma alrededor del tema para balancear la discusión? Yo tengo ligeras sospechas que se trata de este último).

Estoy totalmente de acuerdo que Canadá o cuando menos Ottawa es infinitamente más segura que La Matanza y zonas de influencia. Incluso Montreal (a pesar del regalito de bienvenida que le hicieron a mi vieja, al robarle la billetera en un colectivo a las semanas de haber aterrizado) lo es. Comparándolo con Argentina, me encanta ver cómo la mujeres dejan sus carteras sueltas en los colectivos, o cómo el marido de mi vieja deja el auto A) sin trabar y B) con las ventanas abiertas (por si se le olvidan las llaves, vio). Pero creo que las anestesias que tiene aplicadas en Argentina y Canadá son más bien locales. Estoy de acuerdo que la gente está resignada a ese estado de cosas (o al menos dicen estarlo, la fatalidad de los argentinos muchas veces es una queja en sí­, encubierta, creo yo). Ahora bien, esta sociedad está anestesiada en otros sentidos. Pensando no más de diez segundos, se me viene a la mente que no han habido grandes revueltas populares por los tipos que tienen encarcelados sin acusación formal, en células de aislamiento y sin acceso a su prueba en contra, casos que hacen palidecer a “El proceso” de Kafka, en virtud de un “security certificate”. Tampoco recuerdo ninguna manifestación, marcha de silencio o cacerolazo en pro del esclarecimiento los crí­menes de la joven Jennifer Teague en Ottawa (y eso que la policí­a no daba pie con bola), ni de la nena de origen china secuestrada y asesinada en Toronto. Ni hablar en el orden polí­tico, en donde se cansaron de meter la mano en los bolsillos de los trabajadores a través del seguro de desempleo, al que sólo el 28% de la población de Toronto cualifica al perder el trabajo, para llenar la caja del seguro de desempleo, que a su vez fue transferida al tesoro general, gracias a lo cual los Liberales pudieron eliminar el déficit fiscal antes de los previsto. Alguna que otra queja aislada, pero paros o manifestaciones, bien gracias. Anestesia (local), desinterés, egoismo, o “all of the above”?

Me alegro que la policí­a te inspire confianza, porque al 38% por ciento de la gente acá le inspira todo lo contrario (para mayor información, referirse a la revista MacLeans del 8 de julio última). Yo casualmente me encuentro en ese 38%, y no de puro anarquista que soy, sino más luego de haber sido testigo del brutal trato que, allá por la calle Elgin, le propinaron al arrestar un pobre linyera quien, certifico, no ofreció resistencia alguna. Desviaciones como la aquí­ descrita no serí­an tema de preocupación para este servidor de tener la certeza que una queja contra un policí­a prosperase. Ahora bien, para dar un solo ejemplo de las consecuencias que causan las inconductas de los uniformados, aquellos que hace unos años están por estos pagos recordarán el caso del policí­a Martin (or Marc) Cardinal, de la policí­a de Ottawa, quien fue filmando mientras brutalizaba a una mujer contra su patrullero, en el medio de la calle. El terrible castigo de los dioses que recibió este protector de la paz pública fue el traslado a tareas administrativas, dentro de la policí­a de Ottawa, claro está. Justamente hace poco conversaba con mi familia que hoy dí­a, con un tipo que no le tiembla el pulso como Arslanian (N. de la R: Ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires) es más probable que, a igual inconducta, haya muchas más probabilidades que se exonere a un milico en la provincia de Buenos Aires que en Ottawa, Toronto o Montreal.

Pero bueno Guillermo, sé que hace poco que llegaste y sinceramente no es intención de nadie pincharle el globo a vos ni a nadie de los que leen este (excelentemente bien escrito) blog. Dicen que la experiencia es intransferible, y cada cual irá con el tiempo tallará sus propias percepciones, tanto de Argentina —ya desde un “orsai”– como de Canadá, desde cerca. Más allá de que me haya dado cuenta que el paraí­so quedaba en otra parte, sigo creyendo que Canadá es un paí­s admirable, “tolerante”, próspero y sin grandes hist(e)rias. Como decí­a, la idea era relativizar y a la vez darle un enfoque diferente a la problemática de la “anestesia social” en ambos extremos del continente. Será pues cuestión de seguir puliendo mis dotes de escritor ;-)

Cálidos saludos,

Diego

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Martí­n 08.03.06 at 5:09 am

Diego, entiendo tu punto de vista, pero me parece que nadie dice que Canadá sea perfecto.

Estoy también de acuerdo en que la sociedad en Canadá está anestesiada (aunque “comodismo egoí­sta” serí­a por ahí­ una mejor definición). Pero esos casos que mencionás son relativamente aislados. No tengo estadí­sticas con que probar mi punto, pero me han tratado de coimear suficientes veces en Argentina como para que comparar las dos policí­as me parezca ridí­culo. Que hay corrupción en Canadá es innegable; que es infinitamente menor que en Argentina, también.

Y hay realidades inconstrastables: en Canadá, nos fuimos por un mes y dejamos las bicis en el patio, con la verja abierta, y la cortadora de pasto en el galponcito que no tiene cerradura y está en el patio que tiene la verja abierta. Y cuando volvamos a fin de mes, van a estar ahí­. Es un ejemplito, pero marca la diferencia.

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