Uno de los objetivos que tenía en el viaje con el que me adelanté a mi familia, era el de conseguir un auto. Debía ser algo no muy caro, en un estado razonable, que pudiera llevarnos a los cuatro, más el perro. En un principio pensé en una Van como la mejor solución, más que nada por razones de espacio. Luego de algo de “research” el paradigma cambió y terminé decidiendo por un “wagon”, que ofrecía comodidades similares a un menor consumo.
Aparte de las revistas de compra y venta de usados que se consiguen gratis en las esquinas (como pro ejemplo, AutoMart) y los avisos clasificados del diario, mi guía y consejero en este tema fue Miguel, cordobés amigo de la casa, tipazo, laburante y sobre todas las cosas, un entendido en materia automotriz… cosa ideal para un tipo como yo que solamente sabe que un auto tiene cuatro ruedas, que cada tanto hay que cambiar el aceite y…. no mucho más. Miguel trabaja desde hace años en una fábrica de Gatineau donde tiene (o tenía en esa época) un horario estrambótico que lo obligaba a levantarse como a las cuatro de la mañana o algo así. Y el tipo, saliendo a eso de las tres o cuatro de la tarde de su trabajo, interrumpía su descanso durante para llevarme de recorrida por las concesionarias de Ottawa y Gatineau.
De ese “paseo de compras automovilístico” aprendí que:
- El auto usado perfecto no existe (Duh!)
- Que los iraquíes que venden autos en Ottawa son muy jodidos para hacer negocios.
- Que el auto tiene que estar certificado por la provincia como que cumple con las normas mínimas de seguridad exigidas
- Que eso se paga
- Que la certificación la podés hacer vos o te la puede hacer el vendedor
- Que es mejor que te la haga el vendedor pro que el se encarga de hacerle los arreglos que se necesiten
- Que cuando tenés esa certificación recién ahí podés patentar (sacar la matrícula)
- Que una vez que tenés la matrícula lo podés asegurar
- Que con Desjardins lo pude asegurar por teléfono y muy barato (trecientos y algo al año!)
El Honda fue un compañero fiel, se bancó un montón de manejadas, que se lo cargue con compras, perros, ventas de garage, salidas de pic nic, etc. En invierno siempre arrancó sin historias, nunca me dejó en la calle y tuvo un consumo de combustible razonable…
Pero, siempre hay un “pero”, un auto usado necesita algo más de control que lo normal e implica que las idas al mecánico sean algo más frecuentes que lo deseable. Por h o por b, siempre que caías en un taller era para gastar no menos de 300, 400 o hasta 500 dólares. Recuerdo la vez que le tuve que cambiar el escape antes de venir para Waterloo… Quinientos mangos el escape completo! O la vez que lo dejé en el taller de Pink y Vanier, en Aylmer, no me acuerdo pro que problema… Trecientos mangos…
El Honda llegó a su fin luego de dos años de uso intensivo. El año pasado, mas o menos para esta época, comencé a notar un consumo de combustible mucho más alto que lo acostumbrado. El diagnóstico y el presupuesto fueron fatales: arreglarlo completo salía dos mil dólares. Era su certificado de defunción…. Ya le había puesto otros dos mil en los años anteriores y no iba a pagarlo de vuelta. Llegaba el momento de cambiarlo… Pero los errores de ese cambio los dejamos para otro día.
El auto usado, en condiciones medianamente aceptables, que te lleve y te traiga durante un tiempo limitado… O sea, un auto con certificado de defunción “already signed” parece ser la alternativa obligada para el recién llegado que no tiene dinero de más, ni línea de crédito para un cero kilómetro… Durante los primeros dos años, creo que todos pasamos por este tipo de autos casi obligadamente.
Cuál fue tu primer auto? Recordás donde lo compraste y a quién? Lo seguís teniendo? Lo recomendarías? Qué auto tenés ahora?
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